De Lira a Bororo: un siglo de pintura chilena para mirar hoy

Serigrafía de Bororo en Galería Riel
Carlos Maturana “Bororo” — Serigrafía 28/40 · Galería Riel

La exposición virtual del Museo Baburizza ofrece una oportunidad para recorrer un siglo de pintura chilena y comprender la vigencia de sus lenguajes.

La exposición virtual De Lira a Bororo. Un siglo de pintura chilena en el Baburizza propone una pregunta sencilla, pero decisiva: ¿cómo cambia una tradición pictórica sin dejar de reconocerse a sí misma? Disponible entre el 28 de septiembre y el 28 de octubre de 2026, la muestra reúne 24 obras organizadas en distintos núcleos de la historia del arte chileno.

Más que una cronología cerrada, el recorrido permite observar una conversación entre generaciones. Desde los grandes maestros y la Generación del 13 hasta el Grupo Montparnasse, la Generación del 40, la pintura porteña y los impulsos hacia la modernidad, el Museo Baburizza plantea un mapa de transformaciones formales, geográficas y culturales.

Una historia hecha de desplazamientos

La pintura chilena moderna no avanzó en línea recta. Sus cambios surgieron de tensiones entre tradición y ruptura, entre el paisaje reconocible y la búsqueda de lenguajes autónomos, entre la formación académica y la necesidad de mirar el mundo desde nuevas perspectivas.

En ese sentido, Pedro Lira funciona como un punto de partida simbólico. Su obra representa una etapa en que la pintura chilena buscaba consolidar instituciones, géneros y modelos de representación. Con el paso del tiempo, esa herencia comenzó a ser revisada por artistas interesados en la experimentación, la vida urbana, el color y las posibilidades expresivas de la materia.

El Grupo Montparnasse fue fundamental en ese desplazamiento. Su apertura hacia las vanguardias europeas ayudó a renovar la relación con el paisaje, la composición y la superficie pictórica. Más tarde, la Generación del 40 profundizó una sensibilidad moderna que no dependía únicamente de la descripción, sino también de la atmósfera, la síntesis y la intensidad emocional.

Bororo VI · Galería Riel

Del paisaje a la libertad del gesto

Uno de los aspectos más interesantes de este recorrido es que permite entender la modernidad como una transformación de la mirada. El paisaje deja de ser sólo un tema y se convierte en una estructura de color, memoria y experiencia. La figura humana también se libera de la representación literal para adquirir dimensiones psicológicas, simbólicas o afectivas.

Ese proceso encuentra una expresión especialmente visible en la pintura chilena de los años ochenta. En ese contexto, artistas como Carlos Maturana, conocido como Bororo, recuperaron el gesto, la mancha y el carácter lúdico de la imagen. Su trabajo se caracteriza por brochazos intuitivos, chorreados, colores intensos y figuras que se mueven entre lo abstracto y lo reconocible.

Esta recuperación de la pintura no significó volver al pasado. Por el contrario, implicó asumir la tela como un espacio de libertad, donde el dibujo elemental, la espontaneidad y la intensidad cromática podían convivir con una conciencia plenamente contemporánea.

Bororo y la vigencia de la pintura chilena

La presencia de Bororo en el horizonte de esta exposición resulta significativa porque permite cerrar el recorrido sin clausurarlo. Su obra muestra que la historia de la pintura chilena continúa abierta: cada generación recibe una tradición, la tensiona y la transforma.

En las obras disponibles en Galería Riel, esa energía puede apreciarse también desde la gráfica. La serigrafía conserva la potencia del color y la síntesis del lenguaje de Bororo, pero introduce además una dimensión de edición, repetición y circulación que amplía la experiencia de la imagen.

El diálogo con otros artistas de la colección, como Samy Benmayor o Matías Pinto D’Aguiar, permite comprender que la renovación pictórica de los años ochenta no fue un fenómeno aislado. Fue una sensibilidad compartida, marcada por el humor, la subjetividad, el color y el deseo de devolverle al cuadro una presencia física y emocional.

Mirar un siglo para comprender el presente

El valor de De Lira a Bororo está en mostrar que la pintura chilena no es una sucesión de estilos separados, sino una trama de continuidades y diferencias. Cada artista modifica la tradición, pero también deja herramientas para quienes vienen después.

Recorrer ese arco histórico ayuda a mirar las obras actuales con mayor profundidad. Permite reconocer cuándo una pincelada es herencia, cuándo es resistencia y cuándo se convierte en una forma de imaginar el futuro. En esa tensión se encuentra, todavía, la vitalidad de la pintura chilena.

Fuentes y referencias
Menú