Samy Benmayor y Bororo: una generación que devolvió el gesto a la pintura chilena

Samy Benmayor – Grilla II · Galería Riel

Una mirada a Samy Benmayor y Bororo desde la vigencia de la pintura chilena de los años 80, su impulso lúdico y su renovada presencia institucional.

Hablar de Samy Benmayor y Bororo es acercarse a uno de los momentos de mayor vitalidad de la pintura chilena contemporánea. Ambos artistas pertenecen a la llamada Promoción de los Ochenta, generación que recuperó el valor del oficio pictórico, la expresividad del gesto y una relación más libre con el color y la imagen.

La vigencia de esta mirada pudo comprobarse en la exposición Secreta Senda Descubierta, inaugurada en agosto de 2026 en el Museo de Santiago Casa Colorada. La muestra reunió 18 obras de la Pinacoteca de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, incluyendo trabajos de Samy Benmayor y Carlos Maturana, conocido como Bororo. Su propuesta permitió revisar la pintura chilena de fines de los años noventa y comienzos de los dos mil desde preguntas relacionadas con el territorio, la memoria y las formas de habitar la ciudad.

La recuperación de la pintura como gesto

Durante buena parte del siglo XX, la discusión artística estuvo marcada por la tensión entre pintura, conceptualismo, imagen política y nuevas tecnologías. En ese contexto, la generación de los años ochenta volvió a poner en primer plano la experiencia física de pintar: la pincelada, la mancha, el accidente, la velocidad y la composición abierta.

Esto no significó un regreso nostálgico a la tradición. Por el contrario, Samy Benmayor y Bororo entendieron la pintura como un campo de libertad, capaz de incorporar signos cotidianos, humor, referencias populares y elementos de la cultura visual contemporánea. La tela o el papel dejaron de ser superficies pasivas para convertirse en espacios de acción.

En ambos casos, la imagen parece construirse mientras ocurre. El resultado conserva algo de improvisación, pero también una conciencia precisa del equilibrio entre figura y fondo, saturación y vacío, narración y abstracción.

Samy Benmayor III · Galería Riel

Samy Benmayor: color, escritura e imaginación

La obra de Samy Benmayor se reconoce por una relación intensa con el color y por la presencia de figuras, signos y trazos que parecen provenir tanto del dibujo como de la escritura. Sus composiciones pueden ser lúdicas y luminosas, pero esa aparente espontaneidad no elimina la complejidad de sus asociaciones.

Uno de los rasgos más interesantes de su trabajo es la convivencia entre lo reconocible y lo indeterminado. Una forma puede sugerir un personaje, un paisaje o un objeto, y al mismo tiempo permanecer abierta a múltiples interpretaciones. Esa ambigüedad permite que sus obras mantengan una relación directa con el espectador sin convertirse en imágenes cerradas.

En el catálogo de , <a href=" VI y , que muestra cómo su universo puede trasladarse a la obra gráfica conservando su fuerza expresiva.

Una generación que sigue dialogando con el presente

El interés actual por Samy Benmayor y Bororo no depende únicamente de su pertenencia histórica a la Promoción de los Ochenta. Su trabajo continúa siendo relevante porque plantea preguntas que siguen abiertas: ¿qué lugar ocupa la pintura en una cultura dominada por las imágenes digitales?, ¿cómo puede una obra ser popular sin perder densidad?, ¿de qué manera el humor y el juego permiten abordar la memoria?

La exposición de la Pinacoteca UMCE confirmó que esta generación todavía ofrece herramientas para leer el arte chileno reciente. Al reunir artistas consagrados y obras poco visibles para el público, la muestra propuso entender la historia del arte no como una secuencia cerrada, sino como un archivo que vuelve a activarse cada vez que nuevas miradas encuentran sus imágenes.

Para quienes desean profundizar en esta tradición, la <a href=" de artistas de Galería Riel ofrece un recorrido por creadores vinculados a distintas etapas del arte moderno y contemporáneo chileno. En el caso de Samy Benmayor y Bororo, sus obras permiten acercarse a una pintura que todavía conserva su capacidad de sorprender: una pintura física, imaginativa y abierta a la experiencia.

Fuentes y referencias
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