Serigrafía: cómo leer una obra de arte impresa

Serigrafía de Samy Benmayor en Galería Riel
Serigrafía del artista chileno Samy Benmayor · Galería Riel

La serigrafía combina precisión técnica, intensidad cromática y posibilidad de edición. Una guía para comprenderla y valorar obras disponibles en Galería Riel.

La serigrafía ocupa un lugar singular dentro del arte impreso. Su apariencia puede ser directa —colores intensos, contornos definidos y superficies limpias—, pero detrás de esa claridad existe un proceso de planificación, registro y decisiones materiales. En el arte moderno y contemporáneo, la técnica permitió que numerosos artistas exploraran la relación entre imagen, repetición y circulación.

Para quienes se aproximan al coleccionismo, comprender cómo funciona una serigrafía ayuda a mirar de otra manera las obras sobre papel. No se trata simplemente de una imagen reproducida: cada impresión pertenece a una edición y conserva las huellas del proceso artístico y técnico que le dio origen.

¿Qué es una serigrafía?

La serigrafía es una técnica de impresión basada en una pantalla de malla tensada sobre un marco. Una plantilla bloquea algunas zonas, mientras deja abiertas aquellas por donde pasará la tinta. Con una rasqueta, el impresor presiona el pigmento a través de la malla y lo deposita sobre el papel u otro soporte.

A diferencia del aguafuerte o la litografía, la serigrafía no depende necesariamente de una prensa tradicional. La imagen se construye mediante capas y pantallas, lo que permite trabajar con colores planos, transparencias, contrastes y variaciones de densidad. Cuando una composición utiliza varios colores, cada uno requiere generalmente una pantalla distinta y un registro preciso para que las formas coincidan.

Obra de Eduardo Vilches en Galería Riel
“Sombra I, II y III” Serigrafías de Eduardo Vilches · Galería Riel

La fuerza visual del color y la repetición

Una de las características más reconocibles de la serigrafía es su capacidad para producir áreas cromáticas de gran intensidad. La tinta puede quedar visualmente sobre la superficie, con una presencia física distinta a la de una impresión offset o una reproducción digital. Esa materialidad hace que el color no sea sólo un recurso descriptivo, sino también una estructura compositiva.

La repetición, por su parte, no elimina necesariamente la singularidad. Aunque las obras pertenezcan a una misma edición, pueden existir pequeñas diferencias en la presión, la cantidad de tinta, el registro o la absorción del papel. En manos de un artista, esas variaciones forman parte de la vitalidad del medio.

Cómo mirar una serigrafía

1. Observar la superficie

Conviene mirar cómo se comporta la tinta: si aparece compacta, transparente, superpuesta o levemente irregular. Las capas pueden generar nuevos tonos y relaciones espaciales que no se perciben a primera vista.

2. Reconocer la estructura de la edición

La numeración suele expresarse con dos cifras separadas por una barra. La primera indica el ejemplar y la segunda el total de la edición. También pueden aparecer las letras “P/A”, correspondientes a pruebas de artista, o indicaciones sobre el título, la firma y el año. Estos datos deben revisarse junto con la documentación de la obra.

3. Considerar el papel y la conservación

El papel es parte esencial de la experiencia. Su gramaje, textura y tono influyen en la percepción de los colores. Para conservarlo, se recomienda evitar la luz solar directa, los cambios bruscos de humedad y los sistemas de enmarcado que presionen la superficie. Un montaje con materiales adecuados y protección frente a radiación ultravioleta contribuye a preservar tanto el papel como la intensidad cromática.

La serigrafía en el arte chileno

En Chile, la técnica ha sido utilizada por artistas con lenguajes muy diversos. Su flexibilidad permite pasar de la geometría y la abstracción a la figuración, el gesto y la exploración de la imagen popular. En el catálogo de Galería Riel conviven aproximaciones distintas: desde la energía pictórica de Samy Benmayor hasta las investigaciones ópticas de Matilde Pérez y la dimensión gráfica de Eduardo Vilches.

Una serigrafía de Samy Benmayor permite observar cómo el color y el dibujo pueden conservar una intensidad espontánea dentro de un formato editado. En cambio, las serigrafías de Eduardo Vilches invitan a atender la secuencia, el contraste y la relación entre presencia y ausencia.

También es posible acercarse a la abstracción geométrica mediante una serigrafía de Matilde Pérez, o explorar la imagen figurativa a través de una obra de Carlos Maturana, Bororo. En todos los casos, la técnica funciona como algo más que un procedimiento: organiza la manera en que el artista piensa la imagen.

Una entrada accesible al coleccionismo

Por su variedad de formatos, ediciones y lenguajes, la serigrafía puede ser una puerta de entrada especialmente fértil al coleccionismo de arte. Elegir una obra implica considerar la trayectoria del artista, la calidad de la impresión, la información de la edición, el estado de conservación y la relación que la pieza establece con el espacio donde será observada.

Más que buscar una reproducción exacta de una pintura, conviene entender qué aporta la serigrafía: una imagen construida por capas, una superficie activa y una forma de hacer visible el diálogo entre creación y multiplicidad. Esa combinación explica su vigencia dentro del arte contemporáneo.

Fuentes y referencias
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